Nadie Sabe Relacionarse Y Creemos Que Un Robot Nos Va A Salvar
La mentira de la hiperproductividad y por qué saber pelear es la habilidad más urgente
Oye la otra vez estaba metido en LinkedIn. Sí ya sé que es una lata esa red social pero a veces uno encuentra cosas que te dejan marcando ocupado. Me topé con un texto de una tipa que se llama Isabelle Hau. Ella es la directora de una cosa que se llama Stanford Accelerator for Learning. Suena súper rimbombante el cargo la verdad. Pero lo que decía su artículo me pegó fuerte y me hizo pensar en toda la locura que estamos viviendo ahora.
Resulta que si le preguntas a cualquier persona en la calle cuál es la habilidad más clave para sobrevivir a esta época te van a decir que es saber usar inteligencia artificial. Que tienes que hacer mejores prompts. Que tienes que automatizar tus correos o te vas a quedar sin pega. Yo mismo pensaba algo parecido hace unos meses. Sentía esa ansiedad constante de que la tecnología me estaba dejando atrás. Y la tipa dice que no. Que estamos súper equivocados.


Dice que si queremos sobrevivir y no volvernos locos en esta era de algoritmos tenemos que mirar hacia otro lado. Tenemos que mirar hacia la inteligencia relacional. Le dicen RQ en inglés por relational intelligence. Qué concepto más bacán.
RQ is the deeply human ability to build trust, navigate tension, repair ruptures, and create meaning with others.
— Isabelle Hau
No tiene nada que ver con ser un tipo simpático en la oficina o sonreír todo el día en las reuniones por zoom. Es otra cosa mucho más pesada. Es la capacidad de construir confianza. De navegar la tensión sin salir corriendo. De arreglar las cosas cuando se rompen. Y la verdad es que somos cada vez peores en todo eso. Huimos de la incomodidad como si fuera una plaga. Apenas hay un silencio incómodo en un ascensor sacamos el teléfono para hacer scroll.

Tengo un amigo llamémoslo Diego que es el caso perfecto de esto. Diego está obsesionado con la inteligencia artificial. La usa para todo. Para resumir juntas para mandar correos a clientes para armar presupuestos. Hasta ahí todo bien. Pero el otro día me confesó algo que me dio escalofríos. Me dijo que había usado chatgpt para escribirle un mensaje de disculpas a su polola después de una pelea más o menos fea. Le pidió a la máquina que redactara algo empático y que validara sus emociones.
Jajaja te juro que casi le pego un combo ahí mismo. O sea a qué nivel de desconexión estamos llegando. Usamos un algoritmo predictivo para pedir perdón a la persona que supuestamente más queremos. Cero riesgo emocional. Cero poner la cara. Dejamos que una máquina simule nuestra humanidad porque nos da terror la fricción de una relación de verdad.
Ahí me acordé de un comentario brutal que le dejaron a Isabelle en su artículo. Un tipo explicaba súper bien por qué esto es una trampa mortal para nuestra cabeza.
AI companions can't substitute for human relationship, even if they seem to empathize better than anyone else ever has. They can reflect your moods and thoughts back to you. They can't be changed by having known you for ten years.
— Michael Porcelli

Claro la máquina te dice lo que quieres escuchar. Te simula empatía de una forma casi perfecta. Pero no tiene piel. No le duele si te vas o si la apagas. No te conoce de hace diez años ni ha visto tus peores momentos. Las relaciones de verdad se construyen aguantando la tensión y cagándola y pidiendo perdón mirándose a los ojos. No hay un atajo tecnológico para la confianza.
Nosotros vemos esto todos los días. La gente llega buscando trucos rápidos para liderar mejor o para comunicarse con su equipo y nosotros les decimos que no hay hacks. Hace poco estaba jugando con unas cartas del deck Entrenando lo Humano® y me di cuenta de que las prácticas que proponemos van justo a la vena de lo que falta hoy.

Deck: Entrenando lo Humano® · Autor: Rafa López
Mira esa carta por ejemplo. Son microprácticas de cinco o diez minutos. Papel cartón y tinta. Nada de baterías que se acaban o notificaciones que te interrumpen cuando estás tratando de conectar con alguien. Te obliga a salir de la pantalla y hacer algo real con tus manos y tu cuerpo. Es como si estuviéramos desentrenando el músculo humano por culpa de tanta pantalla y ahora tuviéramos que ir al gimnasio a aprender a mirarnos de nuevo.
El cuento de la infraestructura relacional
Isabelle Hau menciona una idea que me voló la cabeza. Dice que cultivar todo esto depende de invertir en infraestructura relacional. Eso significa diseñar nuestras oficinas nuestros colegios y nuestros espacios para que la conexión humana sea la opción por defecto y no la excepción.
Piensa en cómo trabajamos hoy. Vas a una oficina y están todos con unos audífonos gigantes con cancelación de ruido mirando un rectángulo de luz. Nadie se habla. Te mandan un mensaje por slack para preguntarte algo y resulta que la persona está sentada a dos metros tuyos. Qué fome vivir y trabajar así. Hemos optimizado todo para la eficiencia y en el camino matamos el tejido social que nos sostiene.

Y ojo que esto no es solo un problema de cómo tratamos al resto. Es un problema de cómo nos tratamos a nosotros mismos. En los comentarios del post de LinkedIn había otro gallo que la tenía clarísima sobre este punto.
AI may scale cognition. But only inner work scales character.
— Arjun Seth

Me encantó eso. Escalar el carácter. Tú puedes tener la herramienta más potente del universo en tu computador pero si no sabes regular tu propio miedo tu envidia o tu ego la vas a terminar usando mal. Si eres un pesado que no sabe lidiar con la frustración vas a dar jugo igual en la vida por mucho que tu algoritmo sea perfecto. El trabajo interno no se puede delegar.
No puedes pedirle a una app que medite por ti o que sienta la incomodidad de una conversación difícil en tu lugar. Esa pega es tuya y solo tuya. Y pucha que cuesta.

Deck: Entrenando lo Humano® · Autor: Rafa López
Fíjate en esta otra carta. Trata justamente de sostener esos momentos difíciles. Los seres humanos huimos del dolor y de la tensión. Es natural. Pero ahora tenemos en el bolsillo una máquina diseñada por los tipos más inteligentes del mundo para darnos dopamina barata cada vez que sentimos un gramo de ansiedad. Tienes una discusión con un amigo y en vez de sentarte a procesar lo que pasó abres instagram y te pierdes por dos horas viendo videos de gatos.
Evitar la tensión está destruyendo nuestra resiliencia. Estamos criando generaciones de profesionales que colapsan ante el primer correo con un tono un poco más seco de lo normal.
Hubo otro comentario en ese hilo de LinkedIn que me dejó pensando un buen rato. Un tipo llamado Adam Sher hablaba de que nos vemos a nosotros mismos como árboles solitarios que tienen que aprender a relacionarse. Pero dice que en realidad somos parte de un bosque. Que la red ya existe bajo tierra y que la inteligencia real no es solo aprender a hablar con el árbol de al lado sino reconocer que ya estamos conectados. Que la separación es una ilusión.

Suena un poco místico quizás pero si lo piensas tiene todo el sentido práctico del mundo. Tratamos de ser hiper eficientes individualmente con nuestras maquinitas cuando en realidad lo que nos mantiene vivos y cuerdos es la red invisible de relaciones que nos sostiene. Si se te cae internet en la casa te frustras. Si se te cae tu red de apoyo te hundes.
Y por eso creo que volver a lo táctil es una forma de resistencia. No es ser anti tecnología porque sí. Es ser pro humano. Es entender que no podemos aprender habilidades humanas a través del mismo dispositivo que nos está quitando la humanidad.

Deck: Entrenando lo Humano® · Autor: Rafa López
Todo el mundo quiere la pastilla mágica. El curso online en velocidad 2x que te enseñe a tener empatía en un fin de semana. Mentira pura y dura. Eso no existe. Lo que existe es la práctica diaria y torpe. Equivocarse. Mirar a los ojos a tu compañero de pega y darte cuenta de que lo está pasando mal. Escuchar a alguien sin estar pensando obsesivamente en qué vas a responder para sonar inteligente.
La inteligencia relacional es un músculo y lo tenemos atrofiado. La IA nos está acelerando la eficiencia pero si no usamos ese tiempo libre para conectar mejor entonces para qué cresta estamos automatizando tantas cosas. ¿Para trabajar más horas y estar más solos?
Al final del día la máquina no te va a dar un abrazo cuando las cosas salgan mal. No se va a reír de un chiste malo tuyo porque lo entienda sino porque está programada para simular una respuesta positiva. No podemos delegar nuestra humanidad. Tenemos que volver a tocar las cosas ensuciarnos las manos y mirar hacia arriba.
La verdad es que no sé bien cómo vamos a salir de este colapso digital masivo pero tengo la intuición de que no va a ser con más pantallas. Va a ser volviendo a lo básico. Si andan buscando formas de entrenar todo esto y salir un rato del scroll infinito échense una vuelta por serhumani.com. Hay herramientas físicas y bacanes ahí que te devuelven al mundo real. Yo me voy a tomar un café y a tratar de no mirar el teléfono por lo menos en una hora.